LA ERA DEL CABLE
En esos momentos en los que te encuentras tan cansada, no te gustaria poder conectarte a una bateria que te llenara de energia y asi poder irte de fiesta?!!
Porque no un vestido con sonido incorporado conectado diretamente a tu cerebro, o tal vez prefieras un bonito gorro que te llene la cabeza de ideas mediante cables neurotransmisores, también unas gafas de sol ultimo modelo con zoom con las que puedas grabar cualquier cosa que veas, unas braguitas con vibrador incorporado??unas medias que te masajeen mediante microdescargas? todo esto y mucho mas estará al alcance de cualquier mujer proximamente, pero, ahora, te presentamos:
las nuevas botas BeCyborg! con las que caminarás por la calle sin pasar desapercibida, incluso podras comunicarte con ellas con su nuevo dispositivo grabadora de voz incorporado, basta ya de hablar por la boca, ahora tienes un altavoz en tus tacones que hablara por ti!! y no hablemos del sistema de leds con el que podras caminar por cualquier callejon oscuro que se te presente.
No te lo pienses mas, sucumbe a los encantos de la nueva moda eléctrica, los cables han llegado y estan dispuestos a introducirse en tu organismo humano para mejorarlo.
Encarga ya tus botas Be Cyborg y te llevaras un ligero con pilas de recambio en su interior!!
LLega la moda BeCyborg
Pierde el miedo a la tecnología!
MANIFIESTO CYBORG Dona Haraway
Link a pdf del Manifiesto cyborg de Dona Haraway
I'M A CYBORG BUT IS OK
EL ZAPATO, OBJETO ARTÍSTICO
El zapato entendido como obra de arte, y objeto único y deseado, es ya de por sí un elemento fetiche. Esto porque se ha convertido con la gran difusión de la moda al mundo de la calle, en un objeto de puro deseo que no todos tenemos la suerte de poder tenerlo. Así es como es entendido el zapato como objeto fetiche desde un punto de vista un poco más coloquial y de calle.
Pero, por otro lado, existe otra interpretación un tanto distinta de la anterior y más profunda, del zapato fetiche. Esta segunda interpretación lleva detrás toda una historia y tradición que viene directamente relacionada con los símbolos y ritos sexuales. Tanto en Occidente como el Oriente el zapato fue entendido durante muchos y largos años como objeto indispensable fetichista.
En el mundo occidental ya aparecían amantes del calzado en la antigüedad, pero fue en Inglaterra del siglo XIX donde la palabra fetichismo adquirió la categoría de nombre propio, cuando la represión victoriana y el puritanismo dieron origen a nuevas formas de expresión sexual. La campaña para ocultar el pie femenino bajo faldas interminables y botas cerradas obtuvo tanto éxito que el mero atisbo del tobillo de una mujer ya era causa de excitación. Los tobillos de la mujer y, por extensión, sus zapatos o sus botas se convirtieron en símbolos de partes del cuerpo más secretas, y el desear con vehemencia sus pies o su calzado se convirtió en algo estrictamente tabú. Como era de esperar, en la década de 1850 apareció en Londres un mercado clandestino de pornografía y zapatos con tacones de 15 cm de altura. Pese a haber transcurrido ya más de un siglo y a pesar también de la existencia de revistas con nombres tan significativos como High Heel Honeys, y Super Strikes, los zapatos fetiche siguen siendo tabú, en parte por su asociación con el mundo de los travestidos y con las prácticas sadomasoquistas. El clásico fetichista occidental adora el charol brillante (el look “húmedo”), las versiones extremas de los tacones de aguja (por su relación con las mujeres sexualmente agresivas) o las botas de cordones altas hasta los muslos (como las que llevan las esculturales heroínas de los cómics, con los pechos apuntando como torpedos desde los minúsculos uniformes de látex). Los tacones altos impiden el movimiento -una forma de sumisión femenina que algunos encuentran erótica-.
En el mundo occidental ya aparecían amantes del calzado en la antigüedad, pero fue en Inglaterra del siglo XIX donde la palabra fetichismo adquirió la categoría de nombre propio, cuando la represión victoriana y el puritanismo dieron origen a nuevas formas de expresión sexual. La campaña para ocultar el pie femenino bajo faldas interminables y botas cerradas obtuvo tanto éxito que el mero atisbo del tobillo de una mujer ya era causa de excitación. Los tobillos de la mujer y, por extensión, sus zapatos o sus botas se convirtieron en símbolos de partes del cuerpo más secretas, y el desear con vehemencia sus pies o su calzado se convirtió en algo estrictamente tabú. Como era de esperar, en la década de 1850 apareció en Londres un mercado clandestino de pornografía y zapatos con tacones de 15 cm de altura. Pese a haber transcurrido ya más de un siglo y a pesar también de la existencia de revistas con nombres tan significativos como High Heel Honeys, y Super Strikes, los zapatos fetiche siguen siendo tabú, en parte por su asociación con el mundo de los travestidos y con las prácticas sadomasoquistas. El clásico fetichista occidental adora el charol brillante (el look “húmedo”), las versiones extremas de los tacones de aguja (por su relación con las mujeres sexualmente agresivas) o las botas de cordones altas hasta los muslos (como las que llevan las esculturales heroínas de los cómics, con los pechos apuntando como torpedos desde los minúsculos uniformes de látex). Los tacones altos impiden el movimiento -una forma de sumisión femenina que algunos encuentran erótica-.